Su origen se remonta al momento en que un ser humano se enfrenta a otro de su misma especie intentando apoderarse de su territorio o de sus posesiones. Ante una situación semejante, el hombre trata de imitar a los animales que admira para asumir sus cualidades guerreras, comienza a utilizar colores en su cuerpo que causen pavor a sus enemigos y al mismo tiempo se hace reconocer en la batalla por sus aliados. Posteriormente se utilizaron símbolos muy esquemáticos, impresos mediante improntas realizadas por sellos de barro cocido impregnados en una pintura y que permitían reconocer a los miembros del mismo clan. De este estilo son las célebres pintaderas canarias, y cuyo uso se dio en todo el Mediterráneo.
El escudo del guerrero se convirtió en el gran soporte de la heráldica y aunque no podríamos decir que es un invento particular de una determinada nación. Se sabe que los griegos utilizaron estas representaciones y además las trasmitían de padres a hijos. Aún así no podemos decir que fuesen representaciones heráldicas tal como hoy las conocemos y que tienen su origen en el siglo XII.
Imagen 1 Pintadera canaria

Imagen 2 Pintadera del Río Cauca

Según el diccionario, distinguir es hacer que una cosa se diferencie de otra por medio de alguna particularidad, señal, divisa, etc.
Distinguido según el diccionario es sinónimo de ilustre, noble, esclarecido.
Unas imágenes, unos colores, unas plumas en la cabeza, hacen que el guerrero pueda ser conocido de entre los demás, pero también le hacen ser consciente de que su comportamiento es observado y le obligan a comportarse de forma notoria o notable y con posterioridad a esa acción será considerado noble.
El nacimiento de la Heráldica se produce después de muchos siglos de uso personal o grupal de símbolos, generando la necesidad de regular su utilización debido a esa notoriedad, para evitar que un signo distintivo se generalice.
Imagen 3 Noble Inca
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